El cine como espacio discursivo en las Artes Plasticas

Escrito por Juan Miguel Fabbri y Mariel Arroyo

En el presente, la comprensión de las artes como espacios autónomos, puros y autosuficientes parece haberse quebrado. Cada vez más las disciplinas del arte se entremezclan y parecen caer las fronteras; el cine, la pintura, la escultura, la fotografía se convirtieron en medios mixtos, opcionales para concretar una propuesta artística. El proceso de transgresión de géneros, mestizaje expresivo de formas y conceptos, hace que se vuelva más apropiado referirnos a la “imagen artística” como un universo global cada vez con menos restricciones. Es así que al romperse la línea divisoria entre las artes, éstas se nutren entre ellas, utilizan herramientas y reflexiones propias de otras ramas para enriquecer su desarrollo: las artes se vuelven complementarias, compartiendo cada vez más comunes territorios. En este sentido surgen artistas que usan como medio para su propuesta y como espacio discursivo al cine; y cineastas que usan como herramienta y recurso artístico para sustentar sus propuestas discursivas a otras artes, como la pintura, la fotografía, la instalación, etc. En este sentido referirse actualmente al cine, como un espacio autónomo en el mundo de las artes, sería caer en un error. La proliferación de medios, el desarrollo tecnológico y la incorporación del discurso artístico como característica del arte contemporáneo hace que los creadores no sólo se limiten a hacer cine sino más bien a generar discursos artísticos, recorriendo diversas disciplinas y transgrediendo la concepción clásica de medios puros; es así que el cine se apropia de reflexiones de otras tradiciones artísticas como la música, la danza, las artes plásticas. En este sentido, se puede mencionar varios artistas que ya no creen en las disciplinas del arte, entre los cuales nos parecen importantes Matthey Barney, Peter Greenaway y José Luis Guerín, porque, además de usar como recurso la cinematografía y lograr conjugarla con su propuesta artístico-estético, han logrado mantener y sustentar su discurso a través de este medio audio-visual y articularlos con otros. Esta ruptura de barreras que el arte contemporáneo presenta no es una novedad: grandes artistas como Jean Cocteu, Andy Warhol, Salvador Dalí, Stan Brakhage y David Lynch, entre otros, han realizado cine con reflexiones y propuestas pictóricas, quebrando los límites del cine con la historia del arte plástico.

Los artistas contemporáneos han profundizado la cercanía entre el cine y las demás artes; incluso las exhibiciones de obras cinematográficas cada vez dialogan más con la historia del arte, es por esto que varias películas han cambiado la proyección en la sala de cine por exhibiciones en museos y galerías de arte. Ejemplo de esto es Matthey Barney que expuso sus películas en diferentes bienales, museos y galerías de arte y tuvo un máximo reconocimiento por la institución artística cuando recibió el premio Europa en la 45º Bienal de Venecia por The Cremaster Cycle. Barney ha explorado, casi como ningún otro artista, el arte multimediático que comprende películas, video instalaciones, body art, performance, happenings, música, diseño arquitectónico, fotografías, escultura y dibujo; muestra de esta ruptura interdisciplinaria es la pieza fílmica The Cremaster Cycle compuesta de cinco partes sin un orden particular, donde el espectador puede armar la historia en el orden que desee. Como señala el propio artista, sus personajes, más que tener un papel convencional, son “componentes de un elaborado sistema escultórico”. Es así que pone a Serra en una escena haciendo una escultura que evoca su propio trabajo de la década de los 60, cuando éste solía lanzar plomo fundido contra las paredes de las galerías. En esta ocasión, Barney utiliza vaselina derretida, uno de sus materiales favoritos usados como parte de sus instalaciones. Por otro lado, Barney se vale del barroco para entablar un diálogo con la historia del arte: sus películas son sobrecargadas, simuladas y llenas de artificios; paralelamente, crea una relación pictórica con la muerte, lo que añade a la lectura de su obra códigos propios contemporáneos en relación a la época del barroco. Por otra parte, el trabajo de Barney se nutre de otras fuentes del arte plástico, como el interés por la anatomía humana. Es así que toma una parte poco conocida del cuerpo masculino, el Cremaster, músculo que contrae los testículos en respuesta a cambios de temperatura, como título de su gran obra y punto de partida para hablar de la mitología de la masculinidad. El artista crea un complejo sistema simbólico relacionado a la función anatómica del músculo mencionado (levantar o descender tejido). Otro ejemplo de su interés por el cuerpo y la sexualidad se da en el cortometraje “De Lama Lamina”, donde el personaje hace literalmente el amor con una maquinaria acompañado de la música del guitarrista Arto Lindsay. La obra de Barney para nosotros es importante en el sentido de que utiliza cantidad de medios, y principalmente el cinematográfico, para lograr tener un control y además sustentar su discurso: Barney no podría hacerlo con otro medio puesto que la herramienta le permite crear un universo alternativo lleno de simbolismos y mitología. El cine encuentra su historia y justificación teórica en la pintura, la escultura, la fotografía, la arquitectura y la literatura, y es por esto que la referencia que el cine hace a la historia del arte es constante. Después de las obras de Marcel Duchamp y Joseph Beuys, el arte se empezó a interesar por la construcción de discurso del artista; para entender cualquier obra contemporánea es importante tomar en cuenta la construcción del discurso como un componente revelador para decodificar la obra. Para nosotros, uno de los artistas contemporáneos importantes que trabaja parte de su producción desde el cine es José Luis Guerín, representante del cine de autor, que propone en su obra la ausencia de elementos, ocasionando que el espectador rellene estos vacíos intencionales con su imaginación y su vivencia; la ausencia en su obra se transforma en un espacio de diálogo con el espectador. A propósito de esto, Guerin indica: “para mi tiene más sentido lo que se fuga que lo que esta”. Guerin diseña su propuesta en la película En la ciudad de Slvia (España, Francia, 2007) a través de la construcción de imágenes que te inducen a imaginarte espacios y situaciones; construye historias inconclusas y con pocas referencias del pasado, espera que el espectador cree las historias a partir de las imágenes; la película no te responde todas las preguntas que te incentiva a pensar, el artista aprecia las imágenes que crean fantasías en el espectador. Este diálogo con el espectador que propone Guerín no es una tendencia particular del cine, sino más bien una posición que el arte contemporáneo en general esta planteando y que busca en el espectador un ser activo que constantemente esté reflexionando, analizando, y dialogando con la obra. Se puede llegar a comparar la obra de Guerín con la de la artista holandesa Rineke Dijkstra, la cual a través de su fotografía intenta que el espectador reflexione e invente situaciones sobre las imágenes que propone. Tanto a Rineke Dijkstra como a Guerín les interesa el espacio que antes el arte dejaba excluido: Guerín dice que “lo que sucede entre un fotograma y otro, en este tiempo, es una película que se escapa”. Tanto Rineke Dijkstra como Guerin trabajan con estos momentos que antes no eran tomados en cuenta por el arte. Guerín trabaja con diferentes medios pero su mayor reconocimiento lo ha logrado en el campo del cine y la fotografía. El año 2007 fue invitado y representante de España en la Bienal de Venecia con la obra “Las mujeres que conocemos. Filme en 24 cuadros”. Dentro su discurso planteará una serie de trabajos donde incluye exposiciones fotográficas, instalaciones fotosecuenciales, largometrajes y cortometrajes; en estos diferentes medios trabajará, bajo el mismo interés, el mismo concepto. Por su parte, Rineke Dijkstra trabaja su propuesta artística con fotografía o con video, aborda el retrato desde una visión contemporánea, retrata a personas en momentos de distracción o de fatiga, llegando a captar la fragilidad de la realidad humana y el estado de tránsito de la vida. Esta artista, al igual que Guerín, propone un espacio discursivo que el arte dejaba excluido, el interés común de ambos artistas se encuentra en captar circunstancias que siempre han estado presentes pero que nunca tuvierón relevancia en la historia del arte. Estos artistas tienen, también, en común trabajar sus obras con referencias explicitas a pintores o cuadros que han marcado la historia del arte. Ambos artistas plantean sus propuestas siempre dialogando con la historia del arte: En la ciudad de Sylvia de Guerín hay muchas escenas que hacen referencia a obras pictóricas del impresionismo; por su lado en la obra de Rineke Dijkstra se encuentran referencias claras al renacimiento, especialmente a Botticelli, por el encuadre y la composición de sus fotografías o videos. Peter Greenaway es otro gran artista que se ha dedicado a quebrar las barreras y a realizar arte contemporáneo usando como uno de sus medios el cine. En sus películas constantemente hace referencia a la historia de las artes plásticas, toma referencia de diferentes periodos como el renacimiento, el bárroco o tendencias más cercanas como el cubismo, entre otros. Una de sus películas más interesantes y que acerca mucho al cine con las reflexiones del arte contemporáneo es The Pillow Book (Reino Unido, Francia, 1996), una película que hace una referencia constante a la caligrafía, al dibujo, al body art, al performance, a la pintura contemporánea y a la fotografía; en esta película se puede apreciar como el artista propone un sistema mixto de las artes para llegar a su fin. Greenaway tuvo sus primeros estudios de arte desde la rama de las artes plásticas y durante su trabajo se pueden encontrar referencias, reflexiones y propuestas que son importantes para el arte plástico. Actualmente el artista está en una búsqueda por reinventar el cine: el año 2003 presentó la primera película de su ambicioso proyecto Las maletas de Tulse Luper que propone el diálogo con varios medios artísticos, los nuevos y los de antes. Éste es un proyecto donde intervienen películas, exposiciones de arte plástico, libros, seriales televisivas, etc. Greenaway busca quebrar para siempre las clasificaciones y limitaciones de las artes, por un nuevo proyecto único. Grennaway considera que el arte va más allá de los nuevos medios tecnológicos que pueden surgir, es por esto que considera que el cine es la adaptación de la tecnología de una época al servicio del arte, y es por esta razón no se puede considerar al cine como arte en términos apropiados. El propio artista dice “el cine no lo inventaron los Lumière fueron los pintores”. Con esto el artista enfatiza que hacer cine es coyuntural y que lo importante son aquellas reflexiones artísticas, filosóficas y sociales que pertenecen a la historia del arte. “En 1900 se pensaba que el cine se convertiría en un arte si se filmaban objetos artísticos. Ahora se piensa que los Lumière inventaron el cine como arte, eligiendo la salida de una fábrica o la llegada de un tren; o se piensa que la fotografía se convirtió en arte cuando los retratos frontales de Paul Strand rompieron con la imitación pictorialista de los efectos pictóricos, porque la ausencia de arte se ha convertido para nosotros contemporáneos en un componente esencial del arte”

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s